Acebuche Delfín: continuación de los trabajos de formación
Continúo con los trabajos de limpieza y formación de mis acebuches. En esta ocasión le toca al Acebuche Delfín.
En esta época del año es un momento ideal para realizar una de las limpiezas periódicas que hago en esta especie: eliminación de hoja vieja, selección de ramas y acondicionamiento general del árbol.
¿Por qué realizo este trabajo?
Normalmente hago, como mínimo, dos limpiezas al año en mis acebuches: una antes de la brotación primaveral y otra a mediados de verano.
El objetivo es eliminar la hoja vieja, recolocar la ramificación, retirar pequeñas ramas secas, seleccionar los brotes que interesan para el diseño y dejar el árbol preparado para la siguiente brotación.
En una especie tan vigorosa como el acebuche, especialmente en zonas cálidas como la mía, este trabajo es muy importante. Si dejamos crecer toda la vegetación sin control, el árbol concentra su energía en los nuevos brotes y termina desechando parte de la hoja vieja. Esto provoca amarilleos y una imagen descuidada que muchas veces puede confundirse con problemas de cultivo o incluso con alguna enfermedad.
Además, al aclarar el verde permitimos que la luz y el aire penetren en el interior de la copa. Esto favorece una brotación trasera más fuerte, una mejor ramificación y un crecimiento más equilibrado en todo el árbol.
Antes de empezar
En la siguiente fotografía puede apreciarse cómo el acebuche no fue limpiado antes del inicio de la primavera. Ahora está brotando con fuerza y desviando gran parte de su energía hacia el nuevo crecimiento.
Como consecuencia, el árbol comienza a desprenderse de parte de la hoja vieja, que amarillea y afea el aspecto general del conjunto. En ocasiones, muchos aficionados confunden este proceso natural con algún problema fúngico cuando en realidad forma parte del comportamiento normal del árbol.
Preparando la zona de trabajo
Antes de comenzar es importante trabajar cómodamente. Coloco el bonsái de forma que pueda observar correctamente su frente y el ángulo de plantado.
Para ello utilizo unos caballetes y una plataforma giratoria que me permiten rotar el árbol fácilmente mientras trabajo. De esta manera siempre puedo mantener la postura adecuada y evaluar correctamente cada decisión de poda.
Un pequeño truco
El bonsái ya da bastante trabajo por sí mismo, así que todo lo que nos ayude a ahorrar tiempo es bienvenido.
Para evitar tener que limpiar todo el sustrato al terminar, coloco un trapo sobre la superficie de la maceta. Así recoge hojas, ramitas y restos de poda. Cuando finalizo, simplemente lo retiro y el sustrato queda prácticamente limpio.
Comenzando el trabajo
Aquí podemos ver la primera rama terminada.
El proceso es sencillo: elimino la hoja vieja situada en la parte posterior de las ramas. En mi caso lo hago principalmente con las manos porque resulta mucho más rápido que utilizar tijeras para cada hoja.
Después elimino pequeños tocones secos y toda aquella ramificación que ha crecido de forma desordenada o en direcciones que no interesan para el diseño.
No hay que tener miedo a reducir la cantidad de ramas. Si seleccionamos correctamente la estructura, el árbol volverá a llenarse de vegetación en poco tiempo, pero lo hará de una forma mucho más ordenada.
Avanzando poco a poco
Voy progresando rama a rama, combinando el trabajo con los dedos y la tijera para eliminar el exceso de crecimiento.
También coloco algún alambre puntual donde es necesario, aunque muy poco. A estas alturas del proceso el árbol ya responde principalmente a través de la poda y la selección de brotes.
Trabajo terminado
Y aquí tenemos el resultado final.
Toda la hoja vieja ha sido eliminada, la ramificación ha quedado seleccionada y la estructura vuelve a estar ordenada. Ahora el árbol regresa a su estante para disfrutar del sol y comenzar una nueva fase de crecimiento.
A partir de aquí tocará esperar a la próxima brotación y seguir construyendo, poco a poco, una copa cada vez más densa y refinada.
Nos vemos en la próxima entrada.



















